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¿Qué le
ha pasado al pecado?
Aplicación Práctica Por David Foster
ES CURIOSO, ¿SE HA DADO cuenta que hoy día nadie
es culpable
de nada? "¡No lo pude evitar! ¡Algo genético me hizo
hacerlo!
¡Esos padres terribles que Dios me dio tienen la culpa de todo!
¡Estaba en un estado mental muy triste!"
Gracias a la ciencia y a la sicología tenemos todas las excusas
necesarias
para evadir nuestra responsabilidad y continuar viviendo en pecado.
Pobres de aquellos que vivieron hace tiempo, cuando tenían que
someterse a las consecuencias de sus acciones.
¿Se han dado cuenta que la palabra pecado casi no se menciona en
nuestras conversaciones? Peor aún es la forma sutil en que los cristianos
utilizamos las palabras "gracia" y "perdón" como una excusa para
rehusarnos a renunciar al pecado. Excusas que nos separan del llamado
a ser como Cristo. Desperdiciamos nuestra herencia como soldados en el
reino de Dios y nos conformamos con ser "víctimas".
Así pensé yo por muchos años. Eso me llevó
a conducir una vida llena de
drogas, sexo y toda adicción humanamente posible. Me decía
a mí
mismo que no podía evitar lo porque mi vida había sido muy
difícil.
Necesitaba estas cosas para sobrevivir. Lo cierto era que ese estilo de
vida me atraía más que el mundo de la iglesia donde me crié.
Yo no
quería vivir una vida en la cual yo sería el responsable
en controlar mis
deseos y placeres. El resultado es que dejé ir 20 años de
mi vida.
A veces en el ministerio es fácil crear un ambiente donde se recompensa
a las personas por mantenerse "rotas". Intentamos proveer un lugar
seguro donde las personas puedan examinar las cosas que los tienen
encadenados al pecado y terminamos permitiéndoles la perpetuación
de
su examinación aún cuando la hora del arrepentimiento ha
llegado.
¿Por qué hacemos esto? Hemos aprendido que cuando le llamamos
la
atención a ciertas personas, ellos se van a ir a otra iglesia donde
podrán
encontrar consuelo en mantenerse "rotas". Y en el proceso irán hablando
mal de nosotros por no haber satisfecho sus necesidades. Hemos caído
presos de la inmadurez de algunos por temor a la crítica.
¿Qué dicen
los expertos?
La ciencia y la sicología están en una búsqueda continúa
de respuestas a los problemas de la vida. Pero están
tratando de contestar preguntas sobre el cuerpo, el alma
y el espíritu, y sólo están encontrando respuestas
sobre el cuerpo y el
alma. Como consecuencia sus respuestas están llenas de errores y
tienen el potencial de causar más daño que los problemas
originales.
Esta "cultura de expertos" controla la forma en que muchos pensamos.
La sicología, por ejemplo, está todavía en su infancia
(de igual forma que
la medicina lo estaba hace unos 100 años) pero, se presenta a sí
misma
como si tuvieran más información de la que verdaderamente
tienen.
Considere algunos de los sistemas de terapia que son utilizados hoy día:
hipnosis, regresión a la "vida anterior" y el uso de la pornografía
para
tratar a los enfermos sexuales. En adición la Asociación
Americana de
Sicología está tratando de aprobar un reglamento que rechazaría
el
aconsejar a los homosexuales a que cambien su estilo de vida.
Todas estas cosas y muchas más sólo consiguen propagar la
mentalidad
de "víctima" que amenaza nuestra sociedad. Una de las características
de esta actitud de víctima es el pensamiento de "¡Yo merezco
tener lo
que quiero!" Si yo soy un "adicto" o estoy "enfermo" entonces tengo una
excusa para ser como soy y hacer lo que hago. ¿Entonces, para qué
necesito arrepentirme? Si estoy pecando por culpa de como me criaron o
lo que otra persona me hizo, entonces no es mi responsabilidad.
Como cristianos muchas veces hacemos lo mismo y olvidamos que Dios
nos ha llamado a un patrón de vida más alto. ¿Cómo
puede Él exigirnos
esto? Porque Él ha proveído el camino para que nosotros caminemos
de
acuerdo a ese patrón, a través del poder del Espíritu
Santo y la
redención. Nosotros no estamos llamados a vivir la vida llena de
esclavitud que vemos en Romanos 7, pero sí estamos llamados a vivir
la
vida victoriosa que vemos en Romanos 8.
Quiero añadir que los modelos y las teorías psicológicas
no son
necesariamente malas. El problema está cuando confiamos más
en las
teorías psicológicas y no en las teorías de Dios.
El énfasis central de
todo proceso de sanidad emocional debe ser el desarrollo de una relación
íntima con Dios y el estudio de todas Sus promesas presentadas en
la
Biblia.
A pesar de muchas de las ideas anti-cristianas presentadas por las
teorías psicológicas, la verdad es que hay una enorme cantidad
de
información válida que ha sido descubierta por la sicología.
Es información útil que puede y debe ser utilizada siempre
y cuando
esté empapada de principios
morales y bíblicos. Se requiere una contextualización cuidadosa
que esté
sujeta a la sabiduría del Espíritu Santo. Pero, tenemos que
tener cuidado
de no enamorarnos de todo el conocimiento que vamos adquiriendo. No
sería justo si no recalcara que hay muchos cristianos que están
haciendo
una gran labor en lograr esto. Ellos necesitan nuestro apoyo y nuestras
oraciones.
Históricamente la Iglesia ha entrado en problemas cuando ha fallado
en
integrar en su ideología descubrimientos y estudios que son legítimos.
Luego, cuando hemos descubierto nuestro error, muchas veces hemos
ido al otro extremo intentando aparentar delante del mundo que somos
razonables. Usamos los conceptos seculares sin adaptarlos a la verdad
bíblica y decimos: "¡Miren, nosotros estamos educados también!".
Este
temor y obsesión con lo que el mundo piensa de nosotros ha creado
un
énfasis que nos ha alejado de la postura correcta de tener nuestros
ojos
en Cristo. ¿De quién es la culpa?
Muchas personas usan los dolorosos eventos de su
pasado como excusas para continuar viviendo en
rebeldía. Sin embargo, el punto es que no debemos
mirar atrás a las fallas de otras personas como la
forma de corregir nuestra culpa, sino como la forma
de remover la culpa de aquello que ya ha sido corregido.
Verán, en el momento que fuimos lastimados, rechazados o heridos,
en
ese momento le echamos la culpa a alguien. Ahora, según vamos
descubriendo esos lugares donde hemos guardado rencor y no hemos
perdonado, tenemos que elegir el perdón. Esa es la única
forma en la que
podemos rescatar el terreno que hemos perdido -- el terreno que
Satanás se robo de nuestras vidas.
Al ir recordando los pecados que otros cometieron contra nosotros,
nuestros "pecados de reacción" (envidia, idolatría, juzgar,
odio, falta de
perdón) son expuestos como los pecados que son -- pecados que nos
han mantenido presos. Cuando Dios desata en nosotros la capacidad de
humillarnos y perdonar así cómo Él ha perdonado, entonces
encontraremos libertad.
Hubieron dos hombres en mi vida hacia las cuales yo tenía tanto
odio y
rencor que cuando pensaba en ellos mi corazón ardía como
si le
estuvieran echando ácido. Uno de ellos había abusado sexualmente
a
alguien que yo quería mucho. El otro era mi padre.
Después de toda una vida de acusar a mi padre por ser tan severo
y
carente de amor, mi odio hacia él había crecido en una proporción
mucho más grande que las ofensas que él había cometido.
Una noche,
en medio de la adoración, Dios me pidió que perdonará
a ambos
hombres.
Protesté y dije: Diré las palabras si es lo que me pides,
pero sabes que
enmi corazón soy incapaz de perdonarlos.
Para mi sorpresa Dios me pidió que mirara hacia arriba, y en el
espíritu
pude ver que Él tenía su mano extendida hacia mí y
en Su mano tenía
algo. Él me miró y dijo: Yo puedo perdonar a tu padre y a
ese hombre.
Toma el perdón de mis manos y dáselo a ellos.
Entonces estiré mi mano, y tuve la visión de tomar el perdón
de las
manos de Cristo para entregárselo a mi padre. En la visión
vi a mi padre
y yo le dije: "Con la habilidad de Cristo para perdonarte, yo te perdono".
Cuando mi padre murió unos años después de ese día,
él se había
convertido en el hombre que yo más amaba en este mundo. Lo mismo
ocurrió con el otro hombre que yo tanto odiaba. El ácido
se fue para
nunca volver. Pero algo más ocurrió: mi lucha contra las
adicciones
inmorales terminó ese mismo día que los perdoné.
Lo importante de ir buscando razones en nuestro pasado es
que lo hagamos bajo la dirección del Espíritu Santo. De
otra manera el proceso termina lleno de egoísmo y no nos
lleva a la redención ni al cambio. La meta en examinar
nuestra vida debe ser la de observar los factores de las
cosas para así poder encontrar áreas que debemos someter
a Dios y permitir que Él las cambie. Conocer el porqué de
algo nos
puede ayudar, pero conocerlo a Él siempre nos sana.
Usar las faltas de otros para justificar nuestros pecados nunca será
una
excusa válida ante los ojos de Dios. Para recibir la ayuda de Dios
en el
proceso de sanidad y obtener una transformación permanente tendremos
que aceptar nuestra responsabilidad. Al final de todo, nosotros somos los
únicos responsables de cómo decidimos vivir nuestras vidas.
Recuerda
que Dios se deleita en tomar vidas rotas y usarlas para Su gloria. Así
que
no culpes más a otras personas, tus circunstancias o errores. Admite
tu
pecado y permite que Dios traiga sanidad a tu vida. Es hora que dejes de
ser víctima y te conviertas en alguien victorioso.
David Foster trabaja en la Iglesia del Mesías y es director del
ministerio Vidas Triunfantes (Mastering Life).
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